sábado, 3 de junio de 2017

La representación política de las mujeres

Sara Lovera*

En 2017, de los más de 2 mil 400 municipios en el país, 349 son encabezados por mujeres: 13.2%. En 2014 el porcentaje era de 7%. Hace algunos años los porcentajes de representación en el Congreso crecían de uno a 2 puntos cada 3 años y hubo un momento que se estancaron.
De todos modos el ritmo es lento.
¿Vale la pena llegar a los puestos de representación? Aunque nadie abre esta polémica, porque la pelea consiste en ir a tomar decisiones, dicen las mujeres desde el principio del feminismo durante la Revolución Francesa, según la Carta de la Ciudadanía de las Mujeres de 1792 de Olympe de Gouges (Montauban, Francia, 7 de mayo de 1748 - París, 3 de noviembre de 1793), el tema se centró en la discusión, la demanda y con frecuencia la estrategia para participar en el ejercicio del poder.
Más tarde, cuando la movilización internacional alrededor de las ideas socialistas –agosto de 1910 durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas–, se decidió poner fecha a un Día Internacional de la Mujer, todo indica que las discusiones no fueron solamente sobre los derechos de las obreras, llamadas a participar en la Revolución, sino que la conclusión general fue iniciar una jornada internacional para promover los derechos ciudadanos, votar y ser votadas.
Ya en Nueva Zelanda (1893) se había logrado votar, pero no fue hasta 1919 cuando se consiguió ser elegidas; y aunque en Australia el voto se consiguió en 1902, tenía restricciones que no desaparecieron hasta 1962. Los únicos dos países donde las mujeres habían logrado ser elegidas sin restricciones eran Finlandia (1906) y Noruega (1907), en el momento de la discusión de esa conferencia en Copenhague, Dinamarca. Así que el gran asunto era tomar la rienda de la cosa pública, si no estaban ahí no se resolvería ni la explotación en las fábricas, las restricciones para el libre tránsito, los derechos para que las mujeres fueran consideradas libres y adultas, sin casarse o estar hasta el matrimonio bajo la tutela de sus padres, etcétera.
La solución era generar una cruzada para lograr los derechos ciudadanos: votar, ser elegidas, participar en las decisiones de gobierno, tener derecho a organizarse y tomar las tribunas para avanzar. Ello que parece tan extraño, fue el motor de la organización mundial de las mujeres.
Sin embargo, la discusión es si las mujeres, sólo por ser mujeres, garantizan el desarrollo de una agenda feminista. El siguiente siglo, después de la Conferencia de Copenhague, la discusión se centró en la búsqueda de los derechos.
Durante todo el siglo XX las mujeres lentamente lograron en buena parte del mundo los derechos ciudadanos, el del trabajo, el divorcio, el libre tránsito y otros muchos, como el de la nacionalidad. No obstante, el problema de la opresión y la discriminación no fue resuelto con la participación política. Y esa demanda está hoy, en México, cuando la reforma del Artículo 41 Constitucional puso las bases para la paridad política y ha generado expectativas para que esa paridad sea demandada en otros espacios de la actividad humana y social: en la empresa, en la representación sindical, en los gobiernos y en la administración pública.

El debate
¿Cómo plantear el debate? Revisando a las teóricas, a las preocupadas, incluso a quienes hacen capacitación y formación de liderazgo, encontré algunas notas útiles.
Las especialistas académicas están discutiendo lo que se conoce como representación política descriptiva y representación política sustantiva. Esta diferencia en la ciencia política, en tiempo de pluralidad y rejuego político, surgió ante la molestia sobre las cuotas de representación, como sabemos, no sólo de las mujeres, sino de sectores étnicos o de clase, por estratificación etaria (de edades) y otras como las y los discapacitados.
Cuál es la diferencia conceptual entre representación descriptiva y sustantiva.1 Primero habría que decir que el crecimiento de la representación de las mujeres, especialmente en el Congreso de la Unión y luego en los congresos locales, tuvo un largo proceso a través de diversos mecanismos o cuotas de género para incrementar la participación y representación en los órganos legislativos. Las investigadoras en política señalan que la representación política de acuerdo con las ideas de Hanna Pitkin,2 puede ser entendida como la actividad de hacer presente las opiniones, preferencias, perspectivas y experiencias de la ciudadanía en el ámbito político y en el proceso de creación, implementación y evaluación de políticas públicas.
Según González Schont la representación política puede dividirse en representación descriptiva y sustantiva. La representación descriptiva es la que solicita cuotas por la similitud de quienes representas y quiénes serán representados. Mujeres por mujeres, indígenas por indígenas, jóvenes por jóvenes, etc. Es como si se tratara de un espejo de las características físicas y socio-económicas, de los intereses y preferencias de la misma sociedad que representa, sin importar las acciones que lleven a cabo para representarlos.
En cambio, la representación sustantiva se refiere a la congruencia entre las acciones de los representantes y los intereses de los representados. Aquí las características físicas, socio-económicas o los mismos intereses y preferencias de las diputadas no importan, lo que importa es si están actuando para favorecer los intereses de las mujeres. La distinción primordial entre la representación descriptiva y la representación sustantiva es que en la primera importa quién es la o el representante y en la segunda importa qué hace.3
Naturalmente que lo que sigue será preguntarse ¿qué tipo de representación es más importante?
Más allá de jerarquizar la respuesta. Las teóricas feministas han sostenido que una mayor representación descriptiva de las mujeres, los cuerpos de las mujeres en las curules y en los despachos de mando o los espacios de poder, pública y política aumenta la representación sustantiva de las mismas.
Fue lo que quisieron decir las activistas feministas de los años 70 en todo el mundo, o lo que hoy llaman la Tercera Ola del Feminismo, al considerar como nuestro eslogan “Lo personal es político”. Se trataba de considerar que lo privado tenía repercusiones políticas y sociales, con esa conclusión se pensó en empujar, luego de haber rechazado formar parte de cualquier aparato e inaugurado la práctica autónoma dentro del feminismo, se concluyó que una mayor presencia de las mujeres en los espacios públicos y políticos aumentaría la representación sustantiva de las mismas, es decir, el medio para lograr que nuestras demandas avanzaran. Así pusimos en la discusión abierta problemas que antes no eran considerados como públicos y que no necesitaban de una regulación por parte del gobierno, es decir, empezaron a visualizarse gracias a la participación de las mujeres en los espacios públicos y políticos.
La colocación teórica de lo personal es político en el fondo fue la manera de criticar que ciertos asuntos de la relación entre mujeres y hombres se consideraban sólo de la esfera privada, y no merecían ser debatidos en el ámbito político o de política pública. Hoy, a varias décadas de distancia, sabemos que el cuidado de los niños, la violencia de pareja dentro de la familia o en la calle, esa que se ejerce contra de las mujeres, los derechos reproductivos y sexuales, la prostitución, entre otros, son un asunto, no sólo público o político, sino un asunto de Estado que reclama respuestas, leyes, políticas públicas, acciones. Es la agenda feminista.
Poner por delante el concepto de lo personal es político surgió —ahora que está de moda mirar la ignorancia y la estupidez del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump—, durante el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos, desde el movimiento negro, entre personas afroamericanas en 1960.
Muchas mujeres que participaron en este movimiento tomaron conciencia sobre cómo sus actividades, sus experiencias y su vida personal estaban moldeadas por una supuesta superioridad de los hombres blancos en diferentes ámbitos como lo privado, lo político, lo social, lo económico, entre otros. Sin embargo, en este movimiento, también las mujeres fueron relegadas a actividades consideradas tradicionalmente como propias de las mujeres: servir café, limpiar las oficinas y archivar documentos. ¿Por qué un movimiento que criticaba la opresión de los hombres blancos, que buscaba terminar con la segregación racial y que reclamaba que se reconocieran sus derechos civiles, utilizaba el mismo sistema de opresión contra las mujeres que participaban dentro de su movimiento?
Igual que un siglo antes, en 1965, Casey Hayden y Mary King escribieron un memorándum para exponer esta situación y abrir el diálogo con otras mujeres, específicamente con las mujeres afroamericanas, sobre el lugar de las mujeres en la sociedad y dentro del movimiento. Aunque el memorándum no obtuvo mucho eco en ese momento, mujeres de otros movimientos, como el Movimiento de la Nueva Izquierda, lo utilizaron como documento base para inspirar a otras mujeres a organizarse.
El movimiento por los derechos y la representación ha permitido abrir caminos. Y aunque el debate sobre si el cuerpo de mujer garantiza o no, es cierto, pero las investigaciones hablan de que ese es el camino a la representación sustantiva. Podemos debatir, pero es verdad que al recoger la historia y la experiencia de las mujeres, éstas tienen intereses, visiones y perspectivas diferentes a los hombres.
También es cierto que decir que las mujeres sólo pueden ser representadas por mujeres implica que las mujeres no pueden representar los intereses de los hombres, y en política, las mujeres presidentas municipales, gobernadoras, diputadas o senadores, tienen que representar también los intereses de los hombres.
Todas las mujeres, no importando nuestro origen, podemos igualmente representar a las mujeres indígenas; si somos lesbianas, también podemos representar a las mujeres heterosexuales o viceversa. Pero cuando se atacaban las cuotas o se ataca la paridad, en el fondo el argumento es que no necesariamente las mujeres representan los intereses de las mujeres y que no tiene sentido empujar sólo a las mujeres. O sea, es un argumento contra la representación descriptiva. Por ello se ha desatado la violencia política, y en Chiapas u Oaxaca hay tal resistencia.
Suponer que la totalidad de las mujeres tienen intereses comunes como grupo es negar la heterogeneidad de las mujeres en su conjunto. La representación sustantiva de las mujeres es compleja, porque no se trata de un grupo, porque miles de mujeres no están organizadas entre ellas, y porque cada mujer tiene características diversas, según su origen socioeconómico, etario o étnico.
Sin embargo, se ha demostrado que las cuotas de género ayudaron a incrementar el número de mujeres en las legislaturas; su presencia no garantizó, a secas, representar la diversidad de intereses de las mujeres, pero desde 1996 a la fecha, se avanzó gracias a las bancadas feministas en el marco legal; de ahí vinieron asuntos tan importantes como los presupuestos, las leyes generales de igualdad y de acceso a una vida sin violencia; las normas como la 046 o los acuerdos para crear las instituciones contra la discriminación.
Desde la academia se dice que existe suficiente evidencia empírica que permite afirmar que las mujeres tienden a elaborar políticas públicas sobre el cuidado de las niñas y niños, prostitución, familia, derechos reproductivos y sexuales, violencia contra las mujeres e intrafamiliar. El siguiente problema es saber desde que postura lo hacen. Este es otro rubro del debate que debiera abrirse ahora mismo.
En años recientes destacan investigaciones sobre la representación política en distintos países, en las que se analiza la presentación de iniciativas y las prioridades de las y los legisladores sobre la influencia de las comisiones dentro del Congreso o los discursos de las y los legisladores, o desde sus resultados —en las que se analiza el contenido de la legislación aprobada. La mayoría de las indagaciones concluyen que existe una diferencia basada en el género, es decir, que las mujeres legislan más en el ámbito de las mujeres que incluye aspectos relacionados a problemas de la mujer, temas de niñas y niños y familia, educación y salud; y los hombres en el ámbito de los hombres, el cual se compone por temas de economía, agricultura, empleo y relaciones fiscales.
En México también se han llevado a cabo estudios para analizar si las legisladoras representan sustantivamente a las mujeres. Zaremberg4 analizó las iniciativas que se presentaron y enviaron a la Cámara de Diputados entre 1997 y 2008 para identificar las que estuvieran relacionadas con la mujer, la igualdad y la no discriminación en términos de género, la diversidad sexual y la familia. De las 7,494 iniciativas presentadas, 252 trataban estos temas, y únicamente quince fueron aprobadas. Sus resultados muestran que los hombres apoyan más las iniciativas ambiguas o que mencionan a las mujeres y al género de una manera superficial, mientras que las mujeres presentan más iniciativas en los extremos; ya sea conservadoras —contrarias al aborto o que reproducen el rol tradicional de las mujeres dentro de la familia— o claramente pro-género. Además, se encontró que, en general, los hombres tienen una menor participación en las iniciativas que tratan temas relacionados con las mujeres.
En años posteriores, Jennifer Piscopo5 realizó un estudio similar en el que consideró todas las iniciativas presentadas entre 1997 y 2009 y las clasificó por el tema que trataban y por el género de quien las presentó. Los resultados de su indagación muestran que las mujeres fueron autoras del 73% de las iniciativas con intereses de mujeres. Además, mediante la realización de entrevistas, representantes del PAN, PRI y PRD manifestaron la importancia que tiene para ellas la representación sustantiva de las mujeres y cómo perciben que son ellas las que cargan la responsabilidad de representar a las mujeres.
Respecto al concepto de representación descriptiva o sustantiva, en cuanto a la relación entre ambas, la misma autora encontró que las iniciativas que tratan temas de interés de las mujeres aumentan conforme crece el número de mujeres. Esto significa que a mayor representación descriptiva, mayor representación sustantiva. Lo que vendría a terminar con el largo debate de “cuerpo de mujer no garantiza” y obliga a las mujeres, como nosotras, de ciudadanía común y corriente, a empujar la capacitación de las mujeres que participan en las elecciones.

Segundo tema de debate: ¿sólo capacitación?
Las especialistas en política consultadas ponen el acento en este problema. Dicen que concentrarse únicamente en el análisis de los temas de las iniciativas, sin considerar el contenido de las mismas, implicaría que las iniciativas de temas que no sean de mujeres, niñas y niños o familia, pero que contengan perspectiva de género, quedan excluidas del análisis.
Ello implica que no sólo es capacitación, sino que es necesario emprender el análisis desde otra perspectiva. No es posible asumir que las mujeres son un grupo homogéneo que comparte intereses e ideología, sino considerar la posibilidad de que la representación de las mujeres, de las diputadas, especialmente donde sus partidos conservadores ganan, realizan o logran la aprobación de iniciativas que podrían considerarse regresivas en cuanto a los derechos de las mujeres —como podría ser la penalización del aborto. Además, desde muchos sectores, no puede asumirse que la participación de las mujeres en el Congreso está motivada por la representación de los intereses únicamente de las mujeres, y que estos intereses están limitados al papel tradicional de la mujer dentro de la familia, entonces también se restringen previamente los temas en los que las mujeres pueden legislar sin perder legitimidad. Eso sucede al interior de las discusiones en las cámaras. Al respecto Teresita de Barbieri estudió el tema de las comisiones dentro de la vida legislativa.
Un estudio más reciente busca investigar si las legisladoras representan a las mujeres más allá de la participación tradicional de la mujer en la sociedad, mediante el análisis de las iniciativas aprobadas durante la LXI Legislatura para establecer si éstas incorporaban la perspectiva de género. Los resultados de este trabajo muestran que de las leyes con perspectiva de género (64%) fueron presentadas por mujeres y éstas tienen una probabilidad 14% mayor que los hombres de legislar con perspectiva de género. Además, los partidos políticos tienen un efecto en los temas de las iniciativas que se promueven en el Congreso; sin embargo, en este trabajo no se encuentra evidencia consistente para afirmar que esto es verdad.
En conclusión, las cuotas de género, la paridad constitucional, sí aumentan la presencia de mujeres en los congresos y sí existe una relación positiva entre representación descriptiva y sustantiva.
Ello nos daría motivos de fondo para seguir promoviendo la participación activa de las mujeres en la esfera política. A pesar de la confusión actual, del PRI-PAN, del avance de la derecha en los conocidos como partidos de izquierda y de los liderazgos inconfiables desde el punto de vista feminista.
Los distintos estudios consultados muestran que las mujeres representan con mayor frecuencia los intereses de las mujeres, lo sucedido como un fenómeno más profundo en Finlandia, y por supuesto en algunas entidades donde desde la representación política se ha conseguido apuntalar algunas políticas públicas en favor de las mujeres.
Ello no implica que la representación sustantiva de las mujeres debe recaer únicamente en las legisladoras o en las mujeres que han sido electas a diversos cargos públicos. Es importante que exista una sensibilización entre los hombres en cuanto a los temas e intereses diversos de las mujeres para que la representación ser más completa y constante.
Me temo que el debate de la validez de la representación, que seguirá creciendo en los próximos tiempos, no debería ser denostada por el creciente renacimiento del movimiento feminista joven, crítico del sistema y capaz de llamar a olas de manifestaciones por los evidentes rezagos en la vida y los derechos de las mujeres como la violencia que no cesa; la discriminación como ideología, la impunidad y, por supuesto, la corrupción y el mal gobierno. Tarea tenemos.

Notas
* Periodista mexicana, preocupada por la condición social de las mujeres. Feminista moderada. Apasionada por el cambio cultural y los medios de comunicación. Integrante del Consejo Editorial de esta revista.
1. González Schont, Céline (2014), "De la representación descriptiva a la representación sustantiva. Análisis de las cuotas de género en los congresos estatales en México", Tesina para obtener el grado de Maestra en Administración y Políticas Públicas, México, CIDE.
2. Hanna Fenichel Pitkin (1931), teórica política, profesora emérita de ciencias políticas en la Universidad de California, Berkeley.
3. González Schont, Céline (2014), "De la representación descriptiva…, op. cit.
4. Gisela Zaremberg. Mujeres, votos y asistencia social en el México priista y la Argentina peronista (México: Flacso, 2010), 362 pp.
5. Piscopo, Jennifer. (2014). “Beyond Hearth and Home: Female Legislators, Feminist Policy Change, and Substantive Representation in Mexico”. Revista Uruguaya de Ciencia Política 23:2; (2011).


Los primeros 10 países que legislaron el derecho a votar y ser votada
País
Derecho a votar
Derecho a ser votada
Nueva Zelanda
1893
1919
Australia
 1902 (1962*)
1902 (1962*)
Finlandia
1906
1906
Noruega
1913
1907
Dinamarca
1915
1915
Islandia
1915 (1920*)
1915 (1920*)
Canadá
1918 (1950*)
1920 (1960*)
Estonia
1918
1918
Austria
1918
1918
Holanda
1919
1917
(*) Derecho a votar y ser votada sin restricciones.


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