sábado, 3 de junio de 2017

Las Marchas de las Mujeres: ¿de la protesta al movimiento?*

Penelope Duggan**

En los próximos meses y años estaremos obligados a intensificar nuestras
demandas por justicia social, a convertirnos en más militantes en nuestra defensa
de las poblaciones vulnerables. Aquellos que siguen defendiendo la supremacía masculina,
blanca y hetero-patriarcal, más vale que se cuiden.
Ángela Davis Marcha de las Mujeres en Washington el 21 de enero de 2017.

Evento histórico
Las marchas alrededor del mundo del 21 de enero de 2017 fueron un evento histórico. Por primera ocasión, desde las marchas contra la guerra del 15 de febrero de 2003, millones de personas en diferentes países y en los siete continentes se manifestaron el mismo día y por las mismas razones, tanto como un gesto de solidaridad internacional pero también con la claridad de cómo las mismas dinámicas políticas están en juego internacionalmente.1
En los Estados Unidos el nivel de la movilización superó las manifestaciones en contra de la guerra de 2003 y en Gran Bretaña lo repitieron. Las Marchas fueron iniciadas y dirigidas por y con la movilización mayoritaria de mujeres. Mientras que el detonante fue la elección de Trump como presidente de EU, y la reacción frente al anuncio y los probables ataques a los derechos de las mujeres en ese país bajo su administración, la respuesta internacional también fue provocada por los ataques y el temor de nuevos a esos mismos derechos de las mujeres alrededor del mundo. La marea en ascenso de la extrema derecha y de la reacción religiosa, subrayan el hecho de que los derechos de las mujeres –a elegir, al trabajo, a vivir sus vidas como quieran– nunca están definitivamente ganados.
Mientras que el ímpetu vino de las mujeres de todas las edades, mujeres de color, mujeres de las etnias minoritarias, mujeres migrantes, mujeres con discapacidades, defendiendo sus derechos, las marchas también movilizaron a aquellos involucrados por los ataques que vendrán con la administración de Trump –y de fuerzas similares alrededor del mundo– sobre los derechos de los migrantes, de los negros, del medio ambiente.
En los Estados Unidos la movilización tuvo un carácter verdaderamente masivo, según he visto por la lista de movilizaciones que se han registrado.2 Aún las protestas de algunas decenas, incluso de personas en lo individual que están registradas, muestran cómo la extensión del deseo de levantarse y de ser parte del recuento contra Trump y sus políticas caló hondo.
Por supuesto que una movilización así de espontánea fue extremadamente heterogénea, atrayendo a las mismas marchas a feministas radicales, demócratas y seguidoras de Hilary Clinton, activistas de los derechos de los negros, fuerzas de la izquierda radical anticapitalistas… Eso fue un enorme y notable logro en los Estados Unidos, pero también a nivel mundial.
Algunos comentaristas de izquierda tienden a subestimar el significado de estas movilizaciones, argumentando que fueron dominadas por las fuerzas burguesas, blancas, liberales, prodemócratas. Que esas fuerzas estuvieron presentes y que pudieron haber tomado la iniciativa, es innegable. Pero todos los informes alrededor del mundo destacan el hecho de que muchos, muchos, de los manifestantes fueron jóvenes, espontáneos y nuevos en las movilizaciones. ¿Habría peor táctica para la izquierda anticapitalista, feminista y diversa que dejar a esas personas dialogando sólo con las feministas institucionales, liberales y del sistema? Un texto de Susan Pashkoff escrito para Resistencia Socialista en Gran Bretaña dice: “Es esencial que las feministas socialistas y la izquierda participen en este movimiento y no sólo critiquen desde fuera. Necesitamos estar ahí, empujando los límites más hacia la izquierda, para apoyar las demandas de las mujeres de la clase trabajadora, de las mujeres de color, de camaradas LGBTQ y las mujeres discapacitadas. Necesitamos asegurarnos que este potente movimiento no sea aprovechado por aquellos que pudieran subvertir sus objetivos para imponer las necesidades de los partidos políticos tradicionales y del movimiento feminista liberal”.3
La necesidad de las marchas debe ser para todas las mujeres, y en particular para las que sufren y han sufrido las formas más duras de opresión, explotación y discriminación, como las mujeres negras y de las minorías étnicas, las personas LGBTQ, mujeres discapacitadas, mujeres de la clase trabajadora, que fueron fuertemente expresadas desde el inicio. La “Visión Guía y Definición de Principios” en EU fueron más allá del feminismo liberal y tomaron las demandas y las luchas de las mujeres de color y de la clase trabajadora.4 Verdaderos esfuerzos fueron realizados para asegurar que las coorganizadoras a nivel nacional en EU reflejaran esta diversidad, pero como todo movimiento vivo esos esfuerzos deberán continuar si es que se ha de desarrollar un movimiento en marcha, en curso, más allá de esta oleada de protesta.
Pashkoff señala:

[…] si esperas que este naciente movimiento entienda el hecho que es en la intersección de raza, clase y género que la opresión de las mujeres es más sentida, entonces tenemos que estar ahí para asegurarnos que las voces de las mujeres de color, de la clase trabajadora, de las personas LGTBQ y mujeres discapacitadas sean escuchadas y que sus demandas sean tomadas en cuenta. Es un movimiento naciente, si esperas que no habrá errores y que no se colocarán demandas equivocadas, estas esperando demasiado. No obstante, si el movimiento ha de crecer y convertirse en el poderoso movimiento de protesta por la justicia social planteado por Ángela Davis en su discurso en Washington, tendrá que ir más allá de esta diversidad organizada para convertirse en la expresión de las luchas de las mujeres en contra de todas las formas de opresión, explotación y discriminación.5

Pero los movimientos toman tiempo y esfuerzo para crecer y construirse. Como la autora feminista marxista Cinzia Aruzza escribió el 22 de enero:

Las movilizaciones de masas casi nunca empiezan cuando las esperamos, casi nunca tienen las características que esperaríamos o consideraríamos como las políticamente adecuadas, casi nunca tienen coherencia política, no están libres de las contradicciones y divisiones presentes en la sociedad o de los prejuicios culturales y las deficiencias políticas que los caracterizan.
No son eventos mágicos desconectados del continuum de la vida social aunque tienen la capacidad y el potencial de crear discontinuidad y rupturas. Son procesos desorganizados, contradictorios, donde los resultados no están dados por adelantado y la solidaridad es algo que hay que lograr. Las últimas 48 horas han mostrado el potencial de una nueva temporada de movilizaciones de masas y que esto esté pasando especialmente en un día de movilizaciones de mujeres es mucho más relevante.
Por supuesto, un posible, y quizá probable escenario es que el Partido Demócrata y sus similares terminen domando, cooptando y eventualmente matando su potencial. Pero la decisión relevante que tenemos que hacer es si queremos de una vez entonar el panegírico funerario de una movilización que pudo haber sido o si queremos ser consecuentes con nuestro deseo de cambiar este mundo y tener un análisis político serio, no moralista, sobre las limitaciones, la composición y el potencial de estos dos últimos días, y qué y cómo es lo que tenemos que hacer para ayudar al crecimiento y radicalización de la lucha”.6

Este es el reto que enfrentan fuerzas anticapitalistas y feministas en EU y alrededor del mundo en el despertar de esta ola de protesta. Lo que está en juego, y también las posibilidades abiertas, indudablemente que son más grandes en lo inmediato en EU. Pero como mujeres que luchan por defender y ampliar sus derechos en todo el mundo, este movimiento de protesta es una señal de las posibilidades para construir movimientos propios, ya sea por los derechos al aborto en Irlanda y en Polonia, en contra de las violencia en India o en Sudáfrica, en contra de los feminicidios en México y por los derechos de las mujeres como derechos humanos en todas partes.

La historia no puede ser borrada como las páginas en el internet
La activista de los derechos civiles, Ángela Davis habló en la Marcha de las Mujeres en Washington el sábado 21 de enero frente a una multitud de cientos de miles que se reunieron en la capital del país para protestar por la administración de Trump. Davis quien es conocida por escribir libros como Mujer, Raza y Clase donde hizo un apasionado llamado a la resistencia y urgió a quienes le escuchaban a volverse más militantes en sus demandas de justicia social por los próximos cuatro años de la presidencia de Trump.
Palabras de Ángela Davis Marcha de las Mujeres en Washington el 21 de enero de 2017:

En un momento difícil de nuestra historia, recordemos que nosotras, miles, millones de mujeres, personas trans, hombres y jóvenes que estamos aquí en la Marcha de las Mujeres, nosotros representamos a las poderosas fuerzas del cambio que están decididas a evitar que las culturas moribundas del racismo, el hetero-patriarcado se levanten de nuevo.
Reconocemos que somos agentes colectivos de la historia y que la historia no puede ser eliminada como las páginas web. Sabemos que nos reunimos esta tarde en tierras indígenas y seguimos la guía de los primeros pueblos que a pesar de la violencia genocida masiva nunca han renunciado a luchar por la tierra, el agua, la cultura, su pueblo. Especialmente saludamos hoy a los Sioux de Standing Rock.
Las luchas de la libertad de los negros que han moldeado la naturaleza misma de la historia de este país no pueden ser borradas con el movimiento de una mano. No podemos olvidar que las vidas negras son importantes. Esto es un país anclado en la esclavitud y el colonialismo, lo que significa que para bien o para mal la historia misma de los Estados Unidos es una historia de inmigración y esclavitud. Extender la xenofobia, lanzar acusaciones de asesinato y violación y construir muros no borrará la historia.
Ningún ser humano es ilegal.
La lucha por salvar el planeta, detener el cambio climático, garantizar la accesibilidad del agua de las tierras de los Sioux de Standing Rock, de Flint, Michigan, Cisjordania y Gaza.
La lucha por salvar nuestra flora y fauna, por salvar la atmósfera, es el punto cero de la lucha por la justicia social.
Esta es una marcha de mujeres y esta marcha de las mujeres representa la promesa del feminismo en contra de los poderes perniciosos de la violencia estatal. Y un feminismo inclusivo e interseccional que nos invita a unirnos a la resistencia al racismo, a la islamofobia, al antisemitismo, a la misoginia y a la explotación capitalista.
Si, saludamos a “Fight for 15”. Nos dedicamos a la resistencia colectiva. Resistencia a los multimillonarios especuladores hipotecarios y gentrificadores. Resistencia a los privatizadores de la salud. Resistencia a los ataques contra los musulmanes y contra los migrantes. Resistencia a los ataques contra personas con discapacidad.
Resistencia a la violencia estatal perpetrada por la policía y a través del complejo industrial penitenciario.
Resistencia a la violencia institucional e íntima de género, especialmente contra las mujeres trans de color. Los derechos de las mujeres son derechos humanos en todo el planeta y por eso decimos libertad y justicia para Palestina.
Celebramos la inminente liberación de Chelsea Manning y Oscar López Rivera pero también pedimos: ¡libertad para Leonard Peltier!, ¡Libertad para Mumia Abu-Jamal!, ¡Libertad para Assata Shakur! En los próximos meses y años seremos llamados a intensificar nuestras demandas de justicia social para que seamos más militantes en nuestra defensa de las poblaciones vulnerables.
Aquellos que aún defienden la supremacía masculina blanca y hetero-patriarcal: ¡Más vale que se cuiden! Los siguientes 1,459 días de la administración de Trump serán 1,459 días de resistencia: resistencia en las bases, resistencia en las calles, resistencia en las aulas, resistencia en el trabajo, resistencia en nuestra arte y en nuestra música.
Esto es sólo el inicio y en las palabras de la inimitable Ella Baker “Nosotros los que creemos en la libertad no podemos descansar hasta que llegue”. Gracias.

* Traducción de Josefina Chávez.
** Feminista editora de International Viewpoint, militante del NPA en Francia.

Notas
1. Muchas fotos, videos y artículos han informado de las manifestaciones. Para una prueba ver The Huffington Post “38 Stunning Photos From Women’s Marches Around The World”.
2. Ibid.
3. Susan Pashkoff, Socialist Resistance. Are we witnessing a moment or a movement? Ver las rutas propuestas para el movimiento: “Las mujeres enojadas pueden volver a casa al día siguiente de la marcha para llevarnos a un partido-movimiento híbrido dirigido por mujeres en cada estado que sea lo suficientemente disciplinado para gobernar, con militancia local focalizada devotamente en actualizar una fuerza capaz de asaltar el control de los consejos de las ciudades y de las alcaldías durante las elecciones intermedias a lo largo de EU, en preparación de un golpe electoral a la presidencia en 2020”, Micah White, The Guardian, 19 January 2017, “Without a path from protest to power, the Women’s March will end up like Occupy”. Experiencias como las que se han visto en los gobiernos municipales del PT en Brasil y de Podemos en el Estado Español han mostrado que no es fácil “tomar el poder” incluso a nivel municipal.
4. Ver “Guiding Vision and Definition of Principles”.
5. Las organizadoras han entendido este punto y lo están atendiendo a su manera, ver Susan Chira and Jonathan Martin, 22 January 2017 New York Times, “After Success of Women’s March, a Question Remains: What’s Next?”.
6. Cinzia Arruzza es autora de Relaciones peligrosas. Matrimonios y divorcios entre marxismo y feminismo.


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