miércoles, 13 de noviembre de 2013

S.O.S. México: la vida y la libertad de las mujeres en peligro.



Feminicidio y violencia

Josefina Chávez*



El sexenio de Felipe Calderón quedará registrado en la historia mexicana como el sexenio de la violencia y la militarización de la seguridad pública. Para las mujeres, a la violencia patriarcal se ha sumado el incremento de la inseguridad. Según datos del Observatorio Ciudadano del Feminicidio en los últimos seis años hay un saldo de 4, 112 feminicidios en 13 estados de la república. Felipe Calderón inició su gestión en medio de un masivo y profundo cuestionamiento a los resultados electorales, por fraude. Para legitimarse tomó el camino de la “guerra contra el narcotráfico” con el aval y el apoyo y asesoría del gobierno estadounidense.
Los costos de esta necropolítica configuraron un escenario de múltiples impactos, los daños para la población civil en algunos estados han sido alarmantes, actualmente la atmósfera de violencia se mantiene a pesar de los intentos del gobierno priísta de Peña Nieto, de “minimizar” y maquillar lo que esta pasando en el país.  La realidad es que la situación de inseguridad persiste y se ha expandido en el territorio nacional. Al mismo tiempo que la crisis global del sistema capitalista se profundiza y acentúan las desigualdades sociales, y económicas.  Tenemos hoy un país en tensión política por la imposición de las reformas estructurales. Al mismo tiempo la violencia y el debilitamiento o rebasamiento de las instituciones estatales (zonas controladas por el narco o infiltración de éste en las fuerzas públicas o en los penales, cobro de “impuestos”-protección por parte del “crimen organizado”) y la proliferación en estados como Guerrero, Michoacán o Oaxaca de policías comunitarias, grupos de autodefensa, en fricción permanente con el ejército y la policía.
En el sexenio de Calderón surgió un nuevo fenómeno de desaparición de personas ( la lista de desaparecidos políticos del Comité Eureka! es de algo más de 500 personas, mientras que ahora se habla de decenas de miles) y se incrementó a lo largo de los años a la par de la criminalización de la protesta social. La represión y tortura sexual en Atenco en 2006 fueron algunas de las señales de lo que venía; asesinatos, amenazas y hostigamiento a periodistas, a defensoras y defensores de derechos humanos; enrarecimiento del entorno social, desplazamientos de sociedad civil y de pueblos, un grado muy alto de afectación a migrantes víctimas de los cárteles y trata de mujeres para esclavitud sexual. En este contexto hay que incluir la violencia en contra de las mujeres por abortar que ha arrojado a decenas de ellas a las cárceles.
Las políticas de seguridad y el cuerpo de las mujeres
El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, en sus observaciones finales en el 52º período de sesiones en 2012, entre otras menciona, en el parágrafo 11 y en el ámbito del contexto general y violencia por motivos de género: "…Le preocupa profundamente que la estrategia de seguridad pública para luchar contra la delincuencia organizada. Combinada con la impunidad y corrupción persistentes, haya contribuido a la intensificación de unas pautas ya existentes de discriminación y violencia generalizada contra las mujeres en el Estado Parte, basadas en actitudes patriarcales, y a minimizar este fenómeno y hacerlo invisible.” El Comité exhortó al gobierno mexicano a revisar su estrategia de seguridad pública contra la delincuencia organizada, por los altos niveles de violencia que están afectando “de forma desproporcionada” a las mujeres. En estas observaciones finales, en el parágrafo 19, entre otros, se exhorta al gobierno mexicano a desarrollar un registro oficial de las desapariciones forzosas, simplificar procedimientos para la búsqueda, para las mujeres y niñas desaparecidas. Algunas de éstas pueden estar relacionadas con el negocio de la trata.
La violencia de género y el feminicidio en la impunidad y la simulación
Hace 20 años, en 1993, Ciudad Juárez fue  el foco rojo de un fenómeno posteriormente reconocido de extrema violencia hacia las mujeres, el feminicidio; sucede en todo el territorio nacional, en Centroamérica y América del Sur y en otras partes del mundo. La falta de justicia y la simulación son una dolorosa constante, a pesar de que se han desarrollado políticas públicas, presupuestos, instancias, comisiones legislativas, no se avanza ni siquiera en contar con estadísticas y registros oficiales confiables. Actualmente son múltiples las organizaciones de la sociedad civil actuando y  sosteniendo, desde Ciudad Juárez hasta Chiapas, la presión social y política así como el registro de los casos de mujeres asesinadas por razones de género y misoginia.
La sentencia del caso  Campo Algodonero1 publicada el 10 de diciembre de 2009 por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, condenó al Estado mexicano por incumplimiento de sus deberes y por violar los derechos humanos de tres mujeres, desaparecidas, torturadas y asesinadas en Ciudad Juárez; Esmeralda Herrera Monreal, Laura Berenice Ramos Monárrez y Claudia Ivette González.  Un sentencia emblemática, que entre otras, define acciones de reparación del daño; reformas en las instituciones, programas de prevención y atención y políticas públicas que incidan en cambios sociales y en el Estado. El seguimiento de esta sentencia paradigmática es importante para la evaluación del cumplimiento por parte del Estado mexicano.
En el  año de 2007 fue publicada la Ley General de Acceso a una Vida Libre de Violencia, y posteriormente fue tipificado el delito de Feminicidio. Actualmente hay diversas definiciones (y tipificaciones) en los estados sobre este crimen en sus códigos penales. Existen problemas con los procedimientos y protocolos para una adecuada investigación de este nuevo delito lo que ha llevado a minimizar el registro del feminicidio. Esto es muy grave. Sobre todo al observar que se incrementa el número2 de  asesinatos en estados como Chiapas, Guanajuato, Jalisco, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Estado de México, Veracruz, Quintana Roo, Distrito Federal, Chihuahua, y en Morelos como ha documentado la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos.
Alerta de género, el estado y sus instituciones a la defensiva
La Ley General contempla el mecanismo de Alerta de Género creada para que el Estado, sus instituciones y los gobiernos locales, actúen en aquellos lugares en donde los índices de violencia feminicida  registran un incremento. Diversas organizaciones feministas, de derechos humanos y de la sociedad civil han solicitado la aplicación de la Alerta de Género desde el año 2009 a la fecha: en Oaxaca, Guanajuato, Estado de México, Nuevo León, Hidalgo, Veracruz, Sinaloa. En el caso de las que han sido recibidas por el sistema, han sido sistemáticamente rechazadas como ha sido el caso de Nuevo León, Estado de México, Guanajuato. En Morelos ha sido solicitada formalmente en el mes de septiembre, con el antecedente previo de que congreso local ha votado a favor de su aplicación. También en ese mes fue presentada la solicitud formal para el de Chiapas.
En el caso del Estado de México en diciembre de 2010, cuando era gobernador Peña Nieto, se argumentó que se estaba “politizando” el tema. Las reacciones y respuestas en general han sido defensivas y expresan además de una irresponsabilidad inaudita, un  temor para reconocer que en esos estados hay un incremento de violencia. Piensan que declarar Alerta de Género afecta en “imagen”. Es decir, no se ha entendido este mecanismo y se asume como si fuera un “castigo” para el estado, cuando se trata de un dispositivo que permitiría profundizar en qué es lo que está pasando, generar nuevos diagnósticos, acciones y combatir la violencia. Y con ello contribuir a la prevención, atención y erradicación que contempla la legislación nacional e internacional. Pero lo más importante es que se estarían dando pasos y acciones para garantizar la vida y la libertad de las mujeres. Lo más escandaloso ha sido que este rechazo ha sido avalado, por la mayoría de los Institutos de las Mujeres, nacional y estatales, y los funcionarios que integran el Sistema Estatal de Prevención, Acción, Sanción y Erradicación para la Violencia contra las Mujeres (SEPASEVM).
Bajo el escudo de que no esta definido el procedimiento para aplicar la Alerta el entramado burocrático sigue sin resolverse y se incrementa un ambiente de indignación y molestia por la falta de respuesta y de voluntad política. Sobre todo cuando se está documentando por instituciones y diversas organizaciones que hay incremento de asesinatos de mujeres en los estados en donde se ha solicitado la Alerta de Género.
Frente a esta incongruencia y omisión el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer también el año pasado exhortó al gobierno a “Abordar urgentemente los obstáculos que limitan la activación del Mecanismo de Alerta de Género” (Inciso d, parágrafo 16).
Esta situación ha llegado a un punto crítico, y se requiere de una revisión profunda, una evaluación social, ciudadana y feminista de todas las políticas con perspectiva de género. Frente  a lo evidente; un estado e instituciones que han fallado. Un reflejo de la inconformidad e indignación de miles de mujeres ha sido la marcha  de mujeres en Sonora que declararon la muerte simbólica del Instituto de las Mujeres en ese estado. Y tienen razón.
Criminalización de la protesta social
La violencia del Estado pasa por el cuerpo de las mujeres, en el caso de Atenco en 2006, la violencia sexual como forma de tortura para humillar, desmoralizar  y golpear sicológicamente. En el caso de las defensoras de derechos humanos y luchadoras sociales para deslegitimarlas socialmente para minimizar y mediatizar su protagonismo crítico y como un mecanismo de control social.
Ante el incremento de la violencia, y sus características específicas, en contra de las defensoras, han surgido espacios de solidaridad y organización en redes para brindar apoyos, acción política y una nueva cultura de protección y cuidado frente a los riesgos y peligros. Tal es el caso, de la Red Nacional de Defensoras y Acción Urgente de Derechos Humanos en México.
En el Diagnóstico 2012. Violencia contra Defensoras de Derechos Humanos en Mesoamérica, ésta Red señala que, de un registro de 118 agresiones a defensoras de derechos humanos, las más comunes han sido en su mayoría amenazas, advertencias, ultimátum, intimidación y hostigamiento sicológico. Además de calumnias, y campañas de desprestigio y en todas ha habido alusiones relacionadas con el género. En ocho casos las agresiones sucedieron a pesar de que se contaba con medidas cautelares de protección.
En el Informe: Situación de las mujeres defensoras de derechos humanos en México, presentado en el contexto de la revisión a México del Mecanismo del Examen Periódico Universal (MEPU), se reporta que en el período de 2009-2012 han sido asesinadas 26 defensoras, 8 de ellas eran periodistas. El año pasado, 69 defensoras y periodistas fueron agredidas y enfrentaron más de un ataque en su contra. Según el mismo informe la mayoría de las agresiones son a mujeres que defienden derechos de las mujeres, y que trabajan por una vida libre de violencia, feminicidio e impunidad.
Le siguen las mujeres periodistas que trabajan en su mayoría por el derecho a la información y la libertad de expresión. Así como defensoras de la tierra, los territorios, bienes naturales y derechos ambientales. El estado de Oaxaca registra 50 casos. Le siguen Guerrero, Chiapas, las Huastecas de Veracruz e Hidalgo. Estados además con fuerte presencia de población indígena y en donde se da  fuerte presencia militar  y conflictos territoriales, económicos, migratorios y políticos.
La movilización, las respuestas y los retos
Se ha confirmado que la organización social independiente, siguen siendo la única vía para el fortalecimiento del entramado social, para la generación de acciones políticas, que enfrenten la violencia sistemática del Estado. En este escenario quienes se han organizado han sido en primer lugar las víctimas de la guerra de Calderón, a través de la organización de familiares en diversos estados, de movilizaciones y caravanas nacionales; las activistas y defensoras de derechos humanos, las y los periodistas para protegerse y poder seguir ejerciendo la libertad de expresión, las feministas para denunciar y defender a las mujeres víctimas del encarcelamiento por aborto. Las Caravanas de las mujeres año con año buscando a sus familiares perdidos en las rutas de la migración.
El impacto de la inseguridad, militarización, criminalización y violencia llevó por la presión social y política a la creación de Ley General de Victimas y la Ley para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas y el Consejo Consultivo del Mecanismo de Protección. Sin embargo estos mecanismos creados así como las nuevas leyes no están siendo efectivas para garantizar la protección de defensoras y periodistas. En el caso de las medidas cautelares, hay debate y desconfianza.
Las mujeres de Juárez son las primeras que se organizaron para dar la lucha, hace 20 años. Muchas otras al igual que Marisela Escobedo, han tenido que asumir la lucha por justicia para sus hijas, así como en 1975 lo hicieron las madres de los desaparecidos políticos. Ahora se suman las nuevas agrupaciones de víctimas de la violencia que se han organizado y asumido la defensa  de sus familiares y la presión al gobierno y autoridades y que buscan a sus desaparecidas. 
Los saldos de las políticas de los gobiernos panistas y especialmente en el de Felipe Calderón para las mujeres han sido devastadores. La simulación convertida en práctica del Estado capitalista, nos lleva a la necesidad enfrentar el reto y avanzar en una perspectiva de fortalecimiento de los espacios de poder ciudadano, de redefinir y reforzar la autonomía personal y política de las mujeres y la independencia de nuestro movimiento, con estrategias de construcción de alianzas fuertes y reales, dejar de lado los “cotos”, intereses de grupos, de partido, erradicar la fragmentación de demandas en el movimiento feminista avanzar sin pausa, consistentemente. Convocar a movilizaciones nacionales por la defensa de la vida y la libertad de las mujeres. A preparar una gran movilización de miles de mujeres en todo el país por la justicia para las mujeres; por los derechos de las mujeres. Generar estrategias de alianzas con sectores sociales; exigir a los actores políticos que dejen de practicar la omisión en el discurso y en la práctica; dialogar con los movimientos en lucha que retomen la demanda por la vida y la libertad de las mujeres; que se comprometan a luchar en contra de la violencia hacia las mujeres en todas sus expresiones; que se pronuncien en contra del feminicidio, que la exigencia al estado no sea sólo las voz de las mujeres, porque la violencia del Estado, y la violencia hacia las mujeres es un asunto de vida o de muerte. Si queremos construir una sociedad alternativa a ésta, capitalista y neoliberal, que nos agobia, tenemos que ir a la raíz de las problemáticas y actuar en consecuencia.

* Feminista y directora de Cuadernos Feministas.

1.  Campo Algodonero. Análisis y propuestas para el seguimiento de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en contra del Estado mexicano. Red Mesa de Mujeres de Ciudad Juárez, A.C. Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los derechos de la Mujer (CLADEM), México, 2010.
2.            Datos tomados del documento de observaciones finales del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, período 52º (9 a 27 de julio de 2012), parágrafo 17, ONU.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Jajajajajaja