domingo, 20 de noviembre de 2011

La defensa de la Vida desde la Concepción: algunas consideraciones

Elizabeth Maier

Graves repercusiones tendrá para las mujeres la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación al desechar dos recursos de inconstitucionalidad emitidos en contra de las leyes en “defensa de la vida desde la concepción” de Baja California y San Luis Potosí. Ésta consideró la inconstitucionalidad de sólo dos de los dieciocho estados con leyes similares; la mayoría aprobadas después de la legalización del aborto en el D.F. en 2007 y su ratificación por la SCJN en 2008. Pero el fallo que sustenta la personificación del embrión desde la fecundación influirá a todos los estados, marcando un precedente jurídico que enfatice el derecho de éstos a legislar derechos fundamentales, lo que fortalece el poder local frente a lo nacional y contribuye al debilitamiento contemporáneo del Estado-nación.

Estos hechos jurídicos encierran estrategias políticas que borran las fronteras históricas entre gobernanza y religión, cuya delimitación ha simbolizado la esencia de la modernidad, desde la Revolución francesa a nivel mundial y las leyes de la Reforma en México. Es cierto, como señaló Ilam Semo (La Jornada 01/10/11), que el desvanecimiento de las fronteras entre Estado e iglesia se profundizó a partir del año 2000, cuando la alternancia política que prometió mayor democracia en México, se arropó en velos eclesiales. Pero son las condiciones existenciales líquidas (Bauman), inciertas e inestables de la transición entre la época industrial y nuestra época “post”, las que conforman el contexto en que se cuestionan las instituciones de la modernidad industrial, dando entrada a renovados actores y discursos religiosos que disputan los significados culturales y el rumbo del proyecto nacional.

El sentido y el control del cuerpo de las mujeres, la sexualidad y la reproducción están en el corazón de la disputa contemporánea por los significados culturales. A partir de ellos se define la naturaleza de la familia. Al establecer quién puede llamarse familia, cuáles son las fronteras identitarias y las funciones de sus miembros, qué jerarquías organizan sus relaciones y determinan los márgenes individuales de autonomía e independencia, definiendo de paso las posibilidades de libertad y democracia de la sociedad entera.

Las propias contradicciones del modelo industrial y el estancamiento de la acumulación y el crecimiento económico a finales de los sesentas, trajeron consigo el paulatino quebranto de la institucionalidad industrial. Entre los resquicios institucionales emergieron nuevos actores y discursos que progresivamente lograron visibilizar y reconocer el derecho de las mujeres a la igualdad social. Dicho derecho –y los derechos específicos correspondientes- fueron reconocidos como parte integral de los Derechos Humanos. Gradualmente fueron institucionalizados en la legislación internacional y nacional, penetrando al imaginario colectivo y así al habitus sexual, lo que Pierre Bourdieu define como los registros profundos sexuados y sexuantes que marcan el cuerpo y la psique con las pautas hegemónicas de género.

No se hizo esperar la férrea resistencia conservadora a la reorganización de las identidades y el poder de la familia que esto implicaba. El conservadurismo -los institutos religiosos, partidos políticos, organizaciones civiles e individuos que se adscriben y circulan este discurso- se propuso de nuevo observar por el espejo retrovisor de la historia para rescatar la estabilidad y seguridad perdida. A través de múltiples redes y nuevas alianzas interreligiosas se elaboraron sus estrategias y escogieron los dispositivos idóneos para disputar los significados culturales, interpretando a su manera la sexualidad, la reproducción, la familia, los Derechos Humanos, la relación entre el Estado y religión y la naturaleza misma del Estado. Se manifiestan las tensiones de la contienda en las relaciones y acciones de la vida cotidiana y en todas las instancias del poder político y jurídico, incluyendo los congresos locales y la SCJN. Es en este marco en donde se sitúa la despenalización del aborto en el D.F., las reformas estatales garantizando el derecho a la vida desde la concepción, los recursos de inconstitucionalidad y la contienda entre ministros de la SCJN, siendo ellos hechos emblemáticos en la lucha por perfilar el pacto social de una nueva era.

1 comentario:

Meritxell Calderon Vargas dijo...

Las invito a compartir la resistencia feminista en Baja California por la Defensa de los Derechos Humanos de las Mujeres con el Plan de Acción.
http://www.redderechoshumanos.org/blog/plan-de-accion-para-la-defensa-de-los-derechos-humanos-de-las-mujeres-en-bc/